Tras el pestañeo suave, breve, baladí, que te dedico, se esconde un pálpito punzante, que emerge de lo intrínseco, del sentir perenne, del carácter salvaje del deseo de mi inconsciente.
Mi lengua susurrante, acariciando tus tímpanos, latiendo el bombeo de tu sangre de manera incesante. Envolviendo con mi piel, tu desnudez candente, acunando tu despertar indómito en mi cuerpo.
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