domingo, 26 de agosto de 2018

Sufro del tedio más profundo, desidia crónica y aburrimiento terminal.
Emano desamparo, agotamiento de vivir, apatía perenne y cansancio mental.
Tengo el corazón apagado, el deseo inerte y me devora el vacío existencial.
Mi sentir está estancado, estoy empachada de asco y hastío total.
Soy de vitalidad descendente,  desgana mortal, fatiga latente: Una maldita enferma espiritual.

Por las mañanas pido el café con leche templada y voz decadente y, a veces, tengo una mirada cómplice con la chica que me lo sirve, pero ella nunca lo entiende. "Échale un poquito de arsénico o quizás unas gotitas de cicuta, anda." Le suplico con los ojos. Desgraciadamente, no tiene telepatía. Pero el café ardiendo como el jodido infierno. Eso sí, eh? Gracias, japuta.

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