La mañana que decidí salir del vientre de mi madre hacía
frío. Me adelanté (como siempre) a la fecha prevista y acabé en sus brazos tras
hacerle batallar durante horas en la camilla del hospital. Nacer es jodido. Es
un acto plagado de belleza y crueldad. La vida es irremediablemente hostil y, a
la par, terriblemente hermosa.
Nací una fría mañana de Enero, de esas en las que el viento
te corta la piel y de las que se te congelan los pies. Sin embargo, ni una sola
nube tapaba el cielo y el sol regalaba caricias amables a quien se quisiera
cobijar bajo él.
Muchas veces pienso que yo soy como la mañana en que
nací: Parezco fría, pero si te quedas a mi lado lo suficiente, yo te arroparé
con mi calidez.
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