Tengo el imán desbocado, me atrae hasta el acantilado y,
Cuando me caigo, me sumerjo en otra realidad, en la que pienso, que quizás no seas tan puto desgraciado y, a veces me miento, pues no me siento preparada para digerir la montaña de heces, de las excusas que has ido ladrando durante meses, que me he creído verdades inconclusas, situaciones indecisas, palabras verdes en tardes lluviosas.
La verdad: una utopía, el egoísmo, disforia de tu soledad malentendida, sepultada de escombros y de cobardía. Ojalá que se te cumpla el sueño de tu melancolía.
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